Desafiá al azar

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Cara o ceca

Escribí una tira de caras y cecas como si estuvieras tirando una moneda, sin tirar ninguna. Cuando tengas unos 100 tiros, apretá Analizar: el programa va a decidir si salió de una moneda o de tu cabeza. Con dos resultados nomás parece más fácil que el dado. No lo es.

0 tiros Con menos de 50 no puedo opinar.

El botón de la moneda usa el generador del navegador: sirve para ver qué le contesta el programa a una tira que sí es azarosa.

¿Cómo hace para adivinar?

Con una moneda casi todos fallamos igual: alternamos de más. Después de dos o tres caras seguidas la mano se va sola a la ceca, porque una racha larga «no parece azar». Es la falacia del jugador, y deja una huella muy fácil de medir: la tira inventada cambia de resultado más veces de las que debería y no tiene bloques largos.

Una moneda, en cambio, no se acuerda del tiro anterior. En 100 tiros lo normal es que aparezca una racha de 6 o 7 iguales seguidos, y que haya varias de cuatro. Casi nadie se anima a escribir eso. El otro rastro es el empate: la gente empareja las caras con las cecas casi exactamente por la mitad, mientras que una moneda de verdad termina con diferencias de diez o quince tiros sin ningún problema.

Con esos dos sesgos el programa arma un modelo de «persona» y lo compara con el modelo de «moneda». Después simula miles de tiras con una moneda equilibrada de tu misma longitud y mira en qué lugar de esa distribución caés. Ese es el p-valor del resultado: la proporción de tiras genuinamente azarosas que se ven tan humanas como la tuya.

La letra chica

El veredicto está calibrado por simulación, así que se equivoca con la frecuencia que él mismo declara: de cada 100 tiras hechas con una moneda de verdad, unas 2 reciben el cartel más fuerte de «esto lo escribió una persona». El botón de tirar 100 veces la moneda sirve para verlo en vivo.

Cada tiro de moneda trae menos información que uno de dado: hay dos resultados en lugar de seis. Por eso acá hacen falta más tiros que en el juego del dado para llegar a la misma seguridad.

Al revés no hay garantía: si sabés que tenés que dejar rachas largas y aceptar una diferencia grande entre caras y cecas, podés pasar por moneda. Ese es el desafío.